Desde muy pequeño me sentí atraído por el golf (quizás por mi herencia británica), pero lamentablemente en esa época era un juego para gente adinerada y yo pertenecía a la clase media.
Por otra parte las canchas de golf eran pocas y había que ser socio de un club (generalmente caro) y el precio de los palos también estaba lejos del alcance de un asalariado medio.
Lo cierto es que me construí un par de palos muy precarios con hierros de construcción y palos de escoba y con ellos trataba de pegarle, en el fondo de mi casa, a una pelota usada, que me habían regalado.
Así pasaron los años y me hice adulto, formé una familia numerosa y avancé en mi carrera laboral hasta puestos gerenciales. Ello trajo como consecuencia el aumento de mis ingresos y por ende de mis responsabilidades. Pero todo tiene un precio en la vida y comencé a sufrir los problemas del estrés. El médico me recomendó la práctica de un deporte liviano, ya que frisaba los 50 años y no podía exigirle al corazón el esfuerzo de un encuentro de fútbol (la gran pasión de mi juventud).
Entonces el mayor de mis hijos, que estaba terminando el secundario, con los ahorros de un año de su mesada, me compró unos viejos palos de golf (herencia por parte del abuelo de un compañero) y a partir de allí se hizo realidad mi viejo sueño de jugar al golf.
Lamentablemente no es recomendable comenzar ningún deporte a los 50 años, ya que uno no pasará de será indefectiblemente un jugador mediocre, pero mi objetivo no era ganar torneos sino olvidarme de la oficina y por sobre todas las cosas divertirme, cosa que logré con mucha suerte y bastante dedicación.
Me hice socio del Golf Club de Concordia (mi querida ciudad natal) y pude sacar mi handicap, aunque debí compartir la cancha con los pibes que recién comenzaban y que pronto me dejarían atrás con su rápido ascenso en la destreza para jugar este difícil deporte.
No obstante sostengo que el viejo dicho “nunca es tarde cuando la dicha es buena” es tan cierto como que me llamo Jorge.
Por supuesto que toda mi vida leí y escuché todo lo que tuve a mi alcance sobre golf y, mas recientemente con la televisión por cable, pude conocer, aunque sea a la distancia, a todas las grandes figuras mundiales de este maravilloso deporte. A algunos, que visitaron la Argentina, tuve la suerte de conocerlos personalmente.
Hoy con 20 años de práctica y 70 de edad me siento capaz de aconsejar a los principiantes sobre los fundamentos básicos del golf, ya que he notado que la mayoría de los principiantes solo toma unas pocas clases y con un poco de práctica en el “driving” ya se creen jugadores capaces de participar en torneos, aunque la gran mayoría desconoce el reglamento de la Asociación Argentina de Golf, que fue mi libro de cabecera cuando estaba practicando para sacar mi handicap nacional.
Espero que este modesto aporte sea de utilidad a los nuevos y no tan nuevos entusiastas de este maravilloso juego.
J. J. A.
San Isidro, Febrero de 2005.
Por otra parte las canchas de golf eran pocas y había que ser socio de un club (generalmente caro) y el precio de los palos también estaba lejos del alcance de un asalariado medio.
Lo cierto es que me construí un par de palos muy precarios con hierros de construcción y palos de escoba y con ellos trataba de pegarle, en el fondo de mi casa, a una pelota usada, que me habían regalado.
Así pasaron los años y me hice adulto, formé una familia numerosa y avancé en mi carrera laboral hasta puestos gerenciales. Ello trajo como consecuencia el aumento de mis ingresos y por ende de mis responsabilidades. Pero todo tiene un precio en la vida y comencé a sufrir los problemas del estrés. El médico me recomendó la práctica de un deporte liviano, ya que frisaba los 50 años y no podía exigirle al corazón el esfuerzo de un encuentro de fútbol (la gran pasión de mi juventud).
Entonces el mayor de mis hijos, que estaba terminando el secundario, con los ahorros de un año de su mesada, me compró unos viejos palos de golf (herencia por parte del abuelo de un compañero) y a partir de allí se hizo realidad mi viejo sueño de jugar al golf.
Lamentablemente no es recomendable comenzar ningún deporte a los 50 años, ya que uno no pasará de será indefectiblemente un jugador mediocre, pero mi objetivo no era ganar torneos sino olvidarme de la oficina y por sobre todas las cosas divertirme, cosa que logré con mucha suerte y bastante dedicación.
Me hice socio del Golf Club de Concordia (mi querida ciudad natal) y pude sacar mi handicap, aunque debí compartir la cancha con los pibes que recién comenzaban y que pronto me dejarían atrás con su rápido ascenso en la destreza para jugar este difícil deporte.
No obstante sostengo que el viejo dicho “nunca es tarde cuando la dicha es buena” es tan cierto como que me llamo Jorge.
Por supuesto que toda mi vida leí y escuché todo lo que tuve a mi alcance sobre golf y, mas recientemente con la televisión por cable, pude conocer, aunque sea a la distancia, a todas las grandes figuras mundiales de este maravilloso deporte. A algunos, que visitaron la Argentina, tuve la suerte de conocerlos personalmente.
Hoy con 20 años de práctica y 70 de edad me siento capaz de aconsejar a los principiantes sobre los fundamentos básicos del golf, ya que he notado que la mayoría de los principiantes solo toma unas pocas clases y con un poco de práctica en el “driving” ya se creen jugadores capaces de participar en torneos, aunque la gran mayoría desconoce el reglamento de la Asociación Argentina de Golf, que fue mi libro de cabecera cuando estaba practicando para sacar mi handicap nacional.
Espero que este modesto aporte sea de utilidad a los nuevos y no tan nuevos entusiastas de este maravilloso juego.
J. J. A.
San Isidro, Febrero de 2005.


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