domingo, 27 de julio de 2008

EL PROBLEMA MINERO ARGENTINO - $25 Impr. $20 en CD








PROLOGO

Hace siete años viajé por primera vez a Andalgalá (Catamarca) y como soy nacido y criado en la llanura, nunca había tenido conciencia de lo que significa una explotación minera, excepto por las películas extranjeras y lo leído fugazmente en los libros de texto del secundario.

Durante mi breves vacaciones en esa remota región me enteré que se estaba comenzando la explotación de una gran mina de oro y cobre en la zona, en un paraje montañoso denominado "Bajo de La Alumbrera", que concitaba el entusiasmo de los andalgalenses, ya que existían promesas por parte de las autoridades y los concesionarios de la mina, sobre la creación de gran cantidad de empleos y una enorme inversión que redundaría en prosperidad para toda la zona.

En Andalgalá existía una vieja tradición minera, por la explotación de varias de minas de túneles subterráneos cuya producción era chica y no contaminante (por lo menos para las poblaciones aledañas).

Pero la mina Bajo de La Alumbrera era algo muy diferente:

- Sería una explotación de las denominadas "a cielo abierto".

- Su envergadura sería monstruosa en comparación con las explotaciones anteriores en la argentina.

- No había experiencia de los efectos contaminantes de una mina de ese tipo.

Por todo ello, era lógica la expectativa optimista de los pobladores del lugar, que veían con agrado la irrupción del progreso del "primer mundo" en su letargo provinciano de abandono y marginalidad, impuesta durante años por parte de un "caudillismo gobernante" desde siempre en esa empobrecida provincia.

Pero la mayoría, como yo, no teníamos ni idea de lo que significaba ecológicamente una mina a cielo abierto de semejante dimensiones y por lo tanto retornamos a nuestras ocupaciones habituales y nos olvidamos del asunto. Aunque deberían pasar varios años desde entonces para que pudiéramos apreciar el problema en toda su magnitud.

Tampoco en un principio nos preocupamos por los aspectos económicos y políticos del emprendimiento, ya que existía una ley de minería, aprobada por el congreso recientemente, y las concesiones estaban debidamente aprobadas por el poder ejecutivo nacional.

Por otra parte, se estaban poniendo en marcha, en distintas zonas del país, proyectos similares que no fueron objeto de difusión por los medios masivos de comunicación a nivel nacional y solo fueron conocidos en forma fragmentaria por cada uno de los lugares concesionados, sin que hubiera una conciencia generalizada que los uniera como un gran proyecto global.

Creo sinceramente, que el silencio por parte de los medios sobre estos emprendimientos se debió principalmente a dos razones:

- La falta de interés por parte de los principales medios (la inmensa mayoría radicados en la Capital Federal) de todo lo relacionado con el interior del país.

- Una deliberada estrategia por parte de las autoridades nacionales en convivencia con los capitales extranjeros de mantener las concesiones mineras lo mas secretas posible.

Es menester aclarar que no pertenezco a ningún partido, ni milito en agrupación política alguna y que el presente trabajo ha sido inspirado en sentimientos patrióticos y en defensa de nuestra soberanía, como así también en un deber ineludible de solidaridad para con los sufridos y olvidados hermanos que habitan las zonas cordilleranas donde se explotan desaprensivamente los recursos mineros, con un afán exclusivamente economicista, sin preocuparse por la salud ni el bienestar de esas comunidades.

Es mi deseo mas profundo y sincero, que estas palabras abran las mentes y los corazones de quienes tienen la responsabilidad de velar por los sagrados intereses de nuestra querida patria y por fin se dicten las leyes necesarias para evitar este despiadado despojo de nuestros recursos naturales no renovables, sin la necesaria protección del medio ambiente y de sus pobladores.

Si así no lo hacieren: ¡QUE DIOS Y LA PATRIA SE LO DEMANDEN!

José Jorge Aldecoa


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